Timor - Leste 

Part 1

Resistir é vencer, viva Timor-Leste!


 

 

5 de mayo de 2013. Me encuentro en la frontera terrestre entre Indonesia y Timor Oriental, me dirijo hacia las correspondientes oficinas para que me estampen permisos y más burocracia, cruzo lentamente el puente del río que separa ambos territorios, y finalmente, piso suelo timorense. 

 

Corroe por mis venas un sentimiento espeluznante y misterioso, a la vez que triste y enfurecido, sobre la injusta sangre que se derramó en éste mismo lugar, no muchos años atrás, a causa de la avaricia y hambre territorial insaciable de una banda de descerebrados militares, encabezados por su flamante y mayormente imbécil dictador, el niño mimado Soeharto, quién aparte de masacrar a su propia gente por razones raciales e ideológicas en Indonesia, no tuvo mejor idea que invadir Timor Oriental, y seguir masacrando al libre albedrío. 
 
 

 

 

 

 

 

 

 

Son libres.

 

 


Tan sólo 9 días después de la proclamación de independencia de Timor Oriental sobre las colonias portuguesas, el 7 de diciembre de 1975, las marionetas indonesias efervescentes de patriotismo e ignorancia dirigidas por el niño mimado, arrasaron con la frontera y la capital Dili, comenzando de ésta manera una ocupación aniquiladora que duraría 24 años, tiempo durante el cual desaparecería un cuarto del total de la población. 

 

A medida que me abro camino a base de pedales, entre socavones y camino polvoriento, la gente sorprendida a mi paso grita exaltada “¡Bom dia!”, del antiguo portugués. La simpatía y alegría se respira en el ambiente, y a cada pedal, aparecen niños exaltados y revoloteados chillando enérgicamente por la presencia fugaz de un personaje algo peculiar, grande, feo, barbudo y en bicicleta. 

 

 
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Muchos tuvieron que abandonar a sus familias para nunca más volver a verles, y reunirse con los camaradas de la guerrilla Falintil (Forças Armadas de Libertação e Independência de Timor-Leste), comandada por Xanana Gusmao, en el interior de

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El niño, no se lo pierdan, ¡estaba mimado por Estados Unidos e Inglaterra! ¿A dónde va un país de 200 y pico millones de habitantes con vasto ejército, invadiendo otro de 600.000 sin ejército establecido? Me cabrea, cobardes, y además, apoyado militarmente por éstos dos brillantes retrasados mentales. Resulta que Timor Oriental posee en su territorio y sus fronteras marítimas, una gran cantidad de reservas petrolíferas, y por su interés, los gobernantes retrasados de estos países, le mandan juguetitos y muñecas de “famosa” al niño para que campe a sus anchas y no ponga morritos. Otra vez el mismo cuento, que conlleva la muerte y el sufrimiento de la humanidad, jugando con la vida preciada de las personas. La ONU (Naciones Unidas), con su más que sospechosa sede en Estados Unidos, no hizo ni puñetero caso a las matanzas en serie que estaban ocurriendo en Timor Oriental durante las casi dos últimas décadas, hasta que, hacia los últimos años de la ocupación, cuando la balanza poco a poco se inclinaba hacia la liberación timorense, la ONU comenzó a poner mano en el asunto y reconocer los hechos que estaban sucediendo. No vaya a ser que, cuando la tierra regrese a manos timorenses, les fuera a escasear el petróleo a éstos interesados hijos de mala madre, y no se preocupen, que también serán los primeros en ponerse la medalla en la posterior ayuda y cooperación internacional para el renacimiento de la nación.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El 20 de mayo de 2002, la independencia de la tierra timorense se restablece, entre lágrimas y abrazos. El nuevo gobierno formado principalmente por Xanana Gusmao, el che timorense, comandante en jefe de la guerrilla durante la mayor parte de la ocupación, y José Ramos-Horta, premio Nobel de la Paz otorgado durante su lucha por la liberación timorense desde el
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
A causa de las travesuras del niño mimado, hoy en día, aún se buscan fosas comunes tanto en Timor Oriental como en Indonesia.

 

Estoy a pocos kilómetros de la capital, Dili. Mi anfitrión de la última noche, Apolio, joven profesor de inglés en la escuela local, me cuenta brevemente lo básico sobre la historia timorense y sus antecesores familiares, además de intercambiar conversación en inglés por unas lecciones básicas del idioma local, Tetún. Pocos años atrás, trabajaba para la ONU como intérprete durante la cooperación internacional. En dili, me espera mi amigo francés Yann, quién me hospedara durante unos días mientras yo me peleo con la embajada de Indonesia para conseguir más permisos. Más sobre la inútil burocracia de los tiempos modernos.

 

Maldigo, por no cagarme en él. En el primer habitante de la tierra que decidió plantar una línea imaginaria en el mapa colocando fronteras inútiles sobre ésta tierra, provocando futuras luchas territoriales, injusticia mundial, guerras interesadas, jerarquías de poder, patriotismo agilipollado, creando la diferenciación entre el superior y el inferior, fabricando armas para matar y no para comer, quemando la vida, cambiando los colores, robando la sonrisa del mundo.

 

Sobre ésta bella tierra que un día hace ya mucho, fue pura, libre y para todos.

 

 

 

 

 

 

 

 

Tras la inocente sonrisa de esos niños, distingo rostros más tranquilos, algo más arrugados y apaciguados, y muy sabios, bajo la sombra, lobos de mar y montaña. Ahí están, ellos son, los héroes, las heroínas, los resistentes y liberadores de su tierra. Ellos son, los que hicieron posible con su sangre y la de sus camaradas, que hoy, éstos niños ofrezcan su espléndida sonrisa al mundo y corran enloquecidos detrás de mi bicicleta. El pensamiento consciente y sentido de lo que sufrieron esos rostros, provoca en mí un espeluznante sentimiento de empatía y dolor, de camaradería, alimentado aún en más profundidad, por las historias reales que conocí de primera mano durante mi viaje, historias auténticas y sobrecogedoras, de las vidas de esos rostros, de esos corazones bravos, de esas bellas personas.

 

Entro pedaleando suavemente en ésta bella tierra, observando con detalle todo lo que me rodea, y el cambio drástico comparado con el otro lado de la frontera. No hay tanta gente, y la carretera está hecha añicos, pero la energía sentida es poderosa. Los árboles son más verdes, las aguas más limpias, las caras más sonrientes y humildes, y los niños, juegan desnudos en sus calles.
las montañas, donde únicamente los más enraizados a la tierra, los timorenses, 
conocerían el terreno y cómo desenvolverse en él. Gracias a ellos, a su lucha, su valor, su fuerza, su esperanza, su pasión, la tierra timorense nunca fue ocupada en su totalidad, la resistencia siempre resistió durante los 24 años, a pesar de las penurias sufridas, ninguno abandonó la lucha, ninguno abandonó a su tierra y sus gentes, y por ello, gracias a ellos, y a muchos otros que lucharon desde la clandestinidad, la tierra de todos, Timor Oriental, pudo respirar la libertad definitiva. ¡Hasta la victoria, siempre!

 

 
 
Continúo pedaleando. El terreno abrupto de la isla parece sacado de postal, costas brillantes por el reflejo del intenso sol tropical, aliñado con magníficas montañas verdosas en primera línea de costa, creando un idílico regocijo para el ojo humano, y siendo un placer exquisito el poder pedalear entre esos caminos que serpentean elegantes a través de sus verticales acantilados. Como si de “ETE el extraterrestre” se tratara, pedaleo con alas, vuelo con mis pedales.

 

Dibujando las líneas igual que un monitor del ritmo cardíaco, a ritmo del “beep”, el perfil de la isla no da tregua. El terreno llano se ha esfumado, y abriéndome camino entre sus verticales acantilados, me pregunto si debo abrir cordada y escalar, o seguir pedaleando. Aunque con tal descomunal belleza a mi alrededor, ese constante “beep” se acelera a ritmo frenético, creando en mi interior una melodía a modo de “Drum n’ Bass”, que convierte las ruedas en alas, y me hace volar hacia alturas insospechadas.
extranjero, decidió no condenar a los gobernantes indonesios a un tribunal internacional, y en su lugar, perdonar oficialmente todas las atrocidades cometidas durante los 24 años de ocupación, en un hecho histórico ejemplar y único, del cual muchas naciones debieran aprender. El pueblo llano, teniendo en cuenta que todas y cada una de las familias timorenses perdieron algún miembro por ésta descabellada causa, aceptaron dificultosamente la decisión por la magnitud de los hechos pasados, pero en el fondo, por mucho dolor que supusiera, gracias a la ferviente y humilde cristiandad del pueblo timorense, todos ellos sabían que era la decisión a tomar.
 
“Padre, Perdónalos porque no saben lo que hacen” Lucas 23-24.